Las últimas horas del Scharnhorst

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Con la idea de interrumpir la línea de suministros ártica que los aliados tenían con la URSS, Alemania preparó una demostración para destruir uno de los convoyes a la que llamó operación Ostfront ("Frente oriental"). El 22 de diciembre de 1943, los alemanes descubrieron un grupo de barcos atravesando la costa noruega, y a pesar de haber recabado información, las fuerzas británicas que protegían el convoy pasaron desapercibidas para el mando de la Kriegsmarine. El 25 de diciembre, el acorazado Scharnhorst, acompañado de la 4.ª flotilla de destructores (con el Z-29 como buque insignia), se puso en marcha.

Durante la mañana del día siguiente, el Scharnhorst se separó de su escolta de destructores y se topó con tres cruceros británicos liderados por el HMS Belfast. Las primeras salvas británicas tomaron completamente por sorpresa a los alemanes, y los proyectiles del HMS Norfolk lograron acabar con el radar principal del acorazado. Reticente a enfrascarse en combate con los cruceros, el Scharnhorst se aprovechó de su velocidad para dejar a sus perseguidores en medio de una tormenta y continuar con su búsqueda del convoy. 

El escuadrón del crucero del vicealmirante Burnett prosiguió con la escolta de los barcos de transporte, mientras que el Scharnhorst seguía intentando dar caza al convoy sin mucho éxito. Así, las fuerzas de Burnett se unieron a una flotilla de destructores (de HMS Musketeer, HMS Matchless, Opportune y Virago), pero los almirantes británicos estaban preocupados por si el enemigo había escapado de su trampa. Sin embargo, las noches polares dejaron al Scharnhorst completamente a ciegas, mientras que los británicos seguían contando con la ventaja del radar.

Sobre la medianoche del 26 de diciembre, el HMS Belfast volvió a detectar al Scharnhorst en el radar. En la refriega resultante, el acorazado supo mostrar los dientes: los proyectiles de 283 mm de los alemanes lograron inutilizar la torreta principal del Norfolk, además de causarle graves daños al casco; el Sheffield fue acribillado a metralla; y el destructor Virago estuvo a punto de conocer el lecho marino por culpa de los cañones principales del Scharnhorst.

Mientras la lucha se producía, y sin darse cuenta, el Scharnhorst estuvo a solo unos 20-24 kilómetros del convoy que buscaba. Bey, el contralmirante al mando, abortó la operación y ordenó al Scharnhorst y a su escolta de destructores que se dirigieran hacia Noruega. Mientras tanto, el escuadrón de Burnett fue detrás del acorazado alemán a toda velocidad, siempre lo suficiente lejos para que no lo vieran, pero a la distancia justa para mantener el contacto de radar. Los ya dañados cruceros británicos se quedaron rezagados uno tras otro, luchando contra una enfervorizada tormenta. Al final, el HMS Belfast prosiguió con la persecución sin ayuda, transmitiendo constantemente la localización del Scharnhorst al almirante Fraser. Los otros destructores alemanes estaban demasiado lejos como para realizar misiones de reconocimiento y detección para su buque insignia.

El Scharnhorst, con el radar inactivo, cayó de lleno en una trampa. El acorazado HMS Duke of York, el crucero HMS Jamaica y otros cuatro destructores se acercaron a él tan rápido como pudieron siguiendo las órdenes de Fraser, según las cuales debían abrir fuego solamente después de acercarse lo máximo posible al enemigo. Al final, a las 16:47, el Belfast lanzó bengalas sobre el Scharnhorst, iluminándolo completamente sin que este lo esperara. El Duke of York disparó una andanada completa, un total de 10 cañones de 356 mm, y los primeros impactos acabaron con la torreta principal del Scharnhorst.

Así, el Scharnhorst cambió de rumbo a toda velocidad para librarse de sus perseguidores mientras les devolvía los disparos con los cañones que tenía. Por su parte, el HMS Belfast y el HMS Norfolk se unieron desde el norte, con el HMS Jamaica desde el sur, lo que provocó que el Scharnhorst quedara entre la espada y la pared.

El Duke of York lanzó un sinfín de proyectiles contra el Scharnhorst, y aunque inutilizó su artillería y destruyó la superestructura, el blindaje del acorazado evitó que este sufriera daños críticos. De este modo, el Scharnhorst pudo ganar algo de distancia, a una velocidad de más de 30 nudos, y salir del alcance de los cañonazos de los cruceros. No obstante, momentos más tarde, un proyectil de 356 mm del Duke of York perforó el delgado blindaje superior, provocando la explosión de la sala de máquinas y haciendo que el Scharnhorst perdiera velocidad, sellando así su fatal destino.

Los barcos británicos se aproximaron al dañado acorazado, aún peligroso, y le lanzaron torpedos, siguiendo las órdenes de Fraser. El Savage, el Saumarez, el Scorpion y el Stord se acercaron al objetivo y lanzaron un total de 28 torpedos, aunque solo cuatro de ellos dieron en el blanco.

El Scharnhorst aguantó todo lo que pudo y siguió maniobrando mientras disparaba con los cañones que le quedaban, pero el Duke of York se situó muy cerca de este y descargó sus cañones, deteniendo por fin al barco alemán. El Belfast y el Jamaica, junto con los destructores restantes, continuaron atacando, mientras que el HMS Musketeer lanzó cuatro torpedos más desde varios cientos de metros de distancia. Al final, 11 torpedos alcanzaron al Scharnhorst, hundiéndolo en medio de una nube de humo y fuego.

La resistencia de su adversario impresionó tanto a los británicos que el almirante Fraser les dijo a sus oficiales: "Espero que, si algún día alguno de ustedes dirige un barco contra un oponente muy superior, demuestre la misma valentía que demostró hoy el Scharnhorst".